La infección según la Medicina Natural

La infección según la Medicina Natural

LA INFECCIÓN, SEGÚN LA MEDICINA NATURAL

Considero este conocimiento, que procede de los tiempos en los cuales no existían los antibióticos, importante en relación a la actual pandemia por coronavirus.
En toda enfermedad lo verdaderamente causal es la perturbación primordial del terreno orgánico. El agente infeccioso no es causa, por si mismo, de la enfermedad, puesto que existen individuos que, sometidos a influencias de este, no se contagian. También es verdad que hay personas capaces de portar el germen, sin manifestar síntomas.
Cuando la materia viva pierde parte de su potencial energético por el acumulo de detritus en sus tejidos, por defectos de inervación o por desgastes de vitalidad, los gérmenes se hacen dueños del terreno enfermo. Así pues, la acción determinante patógena del germen en los casos extremos ( epidemias extensas ) es consecuencia de una exaltación de su virulencia debido a su paso por terrenos averiados y desvitalizados.
La clase o forma del agente infeccioso que aparece en cada enfermedad infecciosa, depende de la calidad del terreno químico anormal que le sirve de medro.
De esta forma, no podemos decir que el bacilo Vírgula es la causa del cólera, por muy exaltado que se encuentre. Hace falta que el terreno sea apto a la acción de este bacilo y entonces, con la colaboración de determinadas condiciones de humedad, temperatura, concentración y aireación ( climatología y factores nutricios ), puede surgir el cólera como tal enfermedad.
Nuestros cuerpos llevan constantemente millones y millones de microorganismos de todas clases, que no entran en acción patógena mientras se conserva la plenitud de nuestras defensas vitales. El bacilo de Loffler, el pneumococo, el estreptococo, etc, viven habitualmente en nuestras fosas nasales, nuestra piel y nuestra cavidad bucal, sin que por ello nos hagamos diftéricos, pulmoníacos ni erisipelatosos. Sin embargo, en presencia de alimentación antifisiológica, los tejidos engendran productos tóxicos que provocan parálisis de las reacciones protectoras y , por consecuencia, la transformación de los gérmenes saprofitos en patógenos.
No cabe contagio por transmisión de gérmenes si la persona que convive con el enfermo carece de terreno abonado para la manifestación de su virulencia. Prueba de ello es que, muchas personas que cuidan a enfermos infecciosos en intima convivencia, no contraen la enfermedad. Lo importante, por consiguiente, es mantener la integridad defensiva. La condición básica de la inmunidad estriba en mantener el organismo puro y bien constituido.
En cuanto al tratamiento; la medicina natural consideraba fundamental facilitar la eliminación tóxica, “no hay en terapéutica armas mas poderosas para la desintoxicación de un organismo infectado que la dieta líquida lixiviante y la hidroterapia fría oportunamente aplicada” ( Eduardo Alfonso ). La dieta liquida, con administración de abundante agua pura, deja en reposo los órganos digestivos con gran ahorro de energía que el cuerpo emplea en luchar contra la infección. La hidroterapia estimula la circulación de la sangre, controla la fiebre, mejora los procesos de inervación y facilita la eliminación de toxinas.
Para ilustrar mejor la cuestión, recordemos el caso de la rabia, enfermedad producida por el virus rábico, que en los comienzos del siglo XX se cobraba numerosas víctimas en España y otros países a pesar del tratamiento con el suero antirrábico, compuesto de inmunoglobulinas contra el virus.
A juicio de los médicos practicantes de la medicina natural, el problema era mal planteado por la medicina oficial. Consideraban que el virus solo es activo en organismos que presenten terreno deteriorado o intoxicado. Además este virus, como tantos venenos de origen animal, se exalta por el calor y la humedad ( la rabia se da mas en verano y los venenos de las víboras, alacranes etc son mucho mas activos en las horas de calor que en la madrugada ). Calor, sequedad e intoxicación orgánica son pues los tres elementos con los que hay que luchar inmediatamente que se sospecha un caso de rabia. Basado en esto, utilizaban baños fríos prolongados, dieta líquida con agua y zumos de frutas fríos y baños de vapor, seguidos de baño de tronco o ducha fría con gran eficacia.
Veamos la descripción de un caso sacado del libro de Eduardo Alfonso, 40 lecciones de Medicina natural:
Un perro rabioso, cuyo mal fue comprobado por las instituciones sanitarias, mordió a un hombre de 50 años, a otro de 56 y a un niño de 11 años, hijo de uno de ellos. Todos fueron tratados desde el primer momento con la serie completa de inyecciones antirrábicas. Uno de los hombres y el niño murieron de la enfermedad. El otro a los 33 días de la mordedura y con síntomas de rabia ( agresividad, excitación nerviosa, ojos hinchados, inyectados y salientes ), fue tratado con tres baños de vapor seguidos de baños de tronco fríos. Desde el primer baño desaparecieron los síntomas y quedó totalmente curado.

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