EL MÉDICO Y SU PACIENTE

EL MÉDICO Y SU PACIENTE

EL MÉDICO Y SU PACIENTE

Leyendo uno de los fantásticos libros de Enrique Rojas, No te rindas ( Espasa 2011 ), me he encontrado con esta maravilla, una carta escrita por el filósofo y escritor francés Jean Guitton a su médico de cabecera, el célebre doctor René Biot, al final de su vida:

Cuando era niño me gustaba, como a todos los niños, estar enfermo. Fué entonces cuando, por primera vez, oí pronunciar aquella palabra que tantas veces encontraría en mi vida como signo de gran dignidad: la palabra doctor.
Tanto para mí como para los otros niños, el doctor era el ser mágico por excelencia: el ser que adivina, alivia y conforta; y, para alguien de mi edad, aquel que se hallaba cerca del abuelo o de la abuela en el momento del último suspiro.
En aquel tiempo pensaba que el doctor, estando presente tanto en el inicio como en el final de la vida, era el hombre que conocía todos los secretos de la vida y de la muerte. Y a la edad de diez años, ya ambicioso, mi sueño era el de convertirme un día en médico yo también.
¡Como me falta, querido doctor!. Durante tres años, hasta la muerte, usted me ha cuidado y sanado. Y desde entonces no he podido encontrar un médico semejante a usted.
Lo que me acercó a usted–al punto de haberse convertido en mi amigo– es el hecho de que, además de médico, era usted un verdadero filósofo. Abrigaba la idea contraria a la del famoso doctor Knock, de Jules Romains, a quien había ido a aplaudir al teatro, según la cual todo hombre sano es un enfermo que no sabe lo que es. Usted me ha enseñado, por el contrario, que todo hombre que se lamenta de sus sufrimientos es un hombre sano que ignora serlo. Esta era, por otra parte, la teoría de Hipócrates y de los grandes médicos chinos. Por lo tanto, su convicción era la de que el médico es aquel que impide que uno se enferme y al que ya no es necesario consultar– ni pagar– cuando se ha caído en cama. El médico debe enseñarnos la higiene, es decir, el arte de no enfermarse.
Querido doctor Biot, usted enseña la sabiduría de la que es necesario dar prueba para no estar nunca enfermo. Esta era su medicina y esta, también, su filosofía.
Otra de sus ideas era que el cansancio no proviene de aquello que se hace. Lo que se hace, si se realiza a fondo, con pasión y con toda el alma, no cansa nunca. Lo que cansa es el pensamiento de lo que no se hace.
Nunca he olvidado su consejo médico: “ Cuando repose, repose a fondo; cuando se distraiga, distráigase a fondo, y cuando coma o beba, hágalo a fondo igualmente”.
Me citaba a menudo estas palabras de Goethe: “ Sufro por lo que no sucederá y tengo miedo de perder lo que no he perdido”.
Usted fue un precursor. Había entendido– medio siglo antes que los demás– que la era en la que entrábamos sería una era en la que los problemas de salud y de equilibrio entre el alma y el cuerpo serían los principales problemas. Antes que los otros intuyó que ninguna acción era buena si no encarnaba un pensamiento, que todo pensamiento implicaba una ética y que toda ética implicaba a su vez una filosofía superior o una religión.
Su cualidad principal era la de estar disponible a cualquier hora del día. Era devoto, gentil, jovial. Ponía en todo esa mezcla de ironía y amor llamada humorismo. Contra lo que podría creerse, el humorismo es el amor oculto bajo el velo de la ironía.
Al término de su visita, usted escribía sobre un papel finísimo la receta: “Ninguna cura porque no hay nada que curar”. Un día, en la parte inferior de la hoja, escribió: “Oportuno el uso del bastón”. Desde entonces el bastón no me ha abandonado nunca. Estaba usted en lo cierto: el bastón es como un gentil compañero, mudo y dulce, que me une al suelo.
Hoy, dado que el número de mis años se acerca al siglo, me pregunto a veces cúales son los consejos que me daría para ayudarme a envejecer como se debe.
Entonces vienen a mi mente dos consideraciones suyas: “Envejecer significa tener todas las edades”. Y esta otra: “Envejecer significa ver a Dios más de cerca”.
Doctor, usted tiene razón.

Esta entrada tiene un comentario

  1. Elisa Bodelon Suarez

    Excente profesional, gracias al doctor Jorge Gutierrez he mejorado michisimo, se preocupa por el paciente, es una persona muy humana y muy cercana, hacía mucho tiempo que no encontraba una persona así!

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