El cambio que necesita la medicina

El cambio que necesita la medicina

EL CAMBIO QUE NECESITA LA MEDICINA

Según palabras de Andrew Weil, destacado médico y divulgador de EEUU., “ Siempre he pensado que el verdadero trabajo del médico debería ser educar, es decir, darle a la persona la información que necesita para mantenerse sana la mayor parte del tiempo. La prevención de la enfermedad debería ser lo principal, y el tratamiento, algo secundario. Debemos cambiar la naturaleza fundamental de la medicina y la forma de entenderla por parte de la gente, para que la sociedad avance hacia una mayor salud y autosuficiencia “.
No es la primera vez que una voz autorizada se alza contra el sistema médico actual, recientemente se ha publicado en castellano el libro del Dr. Antonio Sitges-Serra, “ Si puede, no vaya al médico “, un libro provocador sobre la dramática medicalización de nuestra hipocondríaca sociedad.
Para Paul Carton, médico naturista francés del siglo XX : “Dominados por la idea de la lucha antimicrobiana, los médicos de hoy han olvidado demasiado el papel decisivo de los desfallecimientos del terreno, único responsable de la eclosión de las enfermedades agudas y crónicas. En lugar de practicar la terapéutica general y de corregir, ante todo, las faltas personales ( de régimen, de higiene, de espiritualidad ) que han degradado el terreno orgánico, se contentan, la mayoría de las veces con combatir aisladamente cada síntoma por medio de un medicamento pretendidamente especifico. Ignoradas las leyes de la vida sana y las razones verdaderas de la salud y de la enfermedad, los tratamientos generales han sido concebidos, la mayoría de las veces, en oposición a las leyes naturales. Por eso la sobrealimentación, el régimen carnívoro excesivo, el reposo exagerado y, sobre todo, la medicación farmacéutica incesante y casi exclusiva, han sido considerados procedimientos lógicos de curación.
Así la fe médica se ha desvanecido a fuerza de retrasarse en diagnósticos de detalle, por falta de criterio patogénico general, por su obstinación de tratar enfermedades y no enfermos. Numerosos son, en efecto, los médicos debutantes entusiastas, que, al declinar de su carrera, pierden la confianza en su saber y en sus prescripciones. Frecuentemente victimas de su falsa ciencia, se resignan a sufrir en silencio su desilusión, prosiguiendo sin convencimiento el ingrato oficio de distribuidor automático de medicamentos “.
Duras palabras escritas ya a principios de siglo pasado, pero no carentes de realidad, una realidad que sigue presente en nuestra práctica médica actual y que es responsable de ser una sociedad con escasa salud, a pesar de los grandes avances tecnológicos.
No olvidemos el antiguo dicho; es mejor prevenir que curar

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